Las algas marinas han pasado de ser un ingrediente emblemático en la gastronomía asiática a consolidarse como un superalimento con creciente demanda en el mundo. Su riqueza nutricional, su versatilidad en la cocina y sus propiedades terapéuticas las colocan como una opción ideal para quienes buscan una alimentación saludable y equilibrada.
¿Qué son las algas marinas y por qué ganan popularidad?
Las algas marinas son organismos vegetales que habitan en ambientes acuáticos. Aunque su consumo es milenario en países como Japón, Corea y China, en Occidente han cobrado relevancia en las últimas décadas gracias a su aporte en proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
Entre las variedades más conocidas destacan:
Nori, esencial en el sushi.
Wakame, protagonista de sopas y ensaladas.
Arame y dulse, de sabor suave y versátil.
Espirulina, reconocida por su alta concentración proteica.
Actualmente, existen más de 10,000 especies identificadas, cada una con características nutricionales y usos culinarios particulares.
Evidencia científica: algas y salud metabólica
Un estudio de la Universidad de Newcastle, publicado en Journal of Applied Phycology, evaluó el consumo de wakame en adultos con síndrome metabólico. Tras 12 semanas, los participantes registraron una reducción en los niveles de glucosa en sangre y mejoras en su perfil lipídico.
Los investigadores concluyeron que las algas marinas podrían ser un aliado natural en la prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Sin embargo, especialistas advierten que los beneficios dependen de la variedad y cantidad consumida, por lo que es necesario contar con asesoría nutricional.

Nutrientes que marcan la diferencia
El atractivo de las algas se centra en su perfil nutricional único:
Proteínas de origen vegetal.
Vitaminas del grupo B.
Minerales esenciales como hierro, calcio y magnesio.
Ácidos grasos omega-3 EPA y DHA.
Yodo, vital para el metabolismo.
Esta combinación fortalece el organismo y complementa dietas basadas en plantas o con restricciones alimentarias.
Beneficios digestivos y para la microbiota
Las algas son ricas en fibra soluble e insoluble, lo que mejora la digestión y regula el tránsito intestinal. Además, actúan como fibra prebiótica, promoviendo el crecimiento de bacterias benéficas en la microbiota. Este efecto ha llevado a que se reconozcan como un alimento clave para la salud intestinal.
El consumo frecuente de algas aporta omega-3, un ácido graso con propiedades antiinflamatorias que mejoran la función cardíaca y reducen el riesgo de infartos.
Asimismo, su alto contenido de fibra genera sensación de saciedad, favorece el control del apetito y contribuye al mantenimiento de un peso saludable. El yodo y la fucoxantina, presentes en ciertas especies, regulan el metabolismo y ayudan a estabilizar los niveles de glucosa.
Sistema inmunológico y antioxidantes
Compuestos bioactivos como fucanos y laminarina fortalecen las defensas del organismo, mientras que sus antioxidantes —carotenoides, flavonoides y clorofila— protegen a las células del daño oxidativo, retrasando el envejecimiento y reduciendo el riesgo de enfermedades crónicas.
Gracias a su aporte de calcio y magnesio, las algas marinas también resultan benéficas para la salud ósea, ayudando a prevenir la osteoporosis y fortaleciendo el sistema esquelético.
Conclusión
Las algas marinas han evolucionado de tradición culinaria a superalimento global, gracias a su versatilidad y múltiples beneficios para la salud. No obstante, los expertos recomiendan un consumo equilibrado y guiado por especialistas, para aprovechar al máximo sus propiedades.
Con información de Infobae
*ARD














