Hombre congruente y de fe, don Víctor Sánchez Espinoza confirmó que trabajar por Puebla ha sido de lo más importante de su aportación a la vida social de la entidad.
En la conmemoración de sus 50 años de ministerio sacerdotal, con misas solemnes en el Seminario Palafoxiano, donde llamó a los poblanos, autoridades, empresarios, rectores, comunicadores, jóvenes y familias a trabajar unidos bajo una misma premisa: “seamos constructores de paz y peregrinos de esperanza”.
Ajeno al protagonismo político, aunque en la celebración del domingo estuvo acompañado del gobernador Alejandro Armenta, el presidente Pepe Chedraui, funcionarios, legisladores de todos los partidos e incluso representantes de la extrema derecha y de Morena, pidió la conciliación y la unidad para fortalecer a la entidad y beneficiar a su población
Propuso la reconciliación en medio de un contexto social agredido por la violencia, la polarización y las divisiones.
En su mensaje en la misa, más tarde dio otro en la comida, insistió en que la paz no debe quedarse como una frase religiosa o política, sino convertirse en una tarea cotidiana dentro de las familias, comunidades, centros de trabajo y espacios públicos.
La misa solemne fue presidida por monseñor Sánchez Espinosa y asistió Joseph Spiteri, Nuncio del Vaticano en México.
Entre los invitados especiales estuvieron Melquiades Morales, Sergio Salomón Céspedes, la directora de la Lotería Nacional, Olivia Salomón, la secretaria de Movilidad, Silvia Tanús; y el presidente de la Junta de Gobierno del Congreso, Pavel Gaspar, funcionarios, diputados y senadores. Asistieron empresarios, rectores de universidades, representantes de diversos grupos de la sociedad e integrantes de la estructura de la Iglesia Católica.
Don Víctor nació el 21 de mayo de 1950 en Santa Cruz, Teotlalco. Ingresó al Seminario Menor en 1963 y cursó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Palafoxiano. Fue ordenado sacerdote el 6 de junio de 1976 por el arzobispo Ernesto Corripio Ahumada. En Roma se especializó en Liturgia y desarrolló una trayectoria académica y pastoral en México y fue secretario general de la Conferencia Episcopal de Latinoamérica.
En 2004, fue nombrado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México por Juan Pablo II y, cinco años después, el Papa Benedicto XVI lo designó VIII Arzobispo de Puebla.
Por años fue el párroco de Nuestra Señora de Ocotlán, Sánchez Espinosa ha impulsado proyectos pastorales, visitando las 330 parroquias de su arzobispado y mantiene una relación cercana con comunidades, sacerdotes, organizaciones civiles y autoridades, lo que sus antecesores no hicieron.
En mayo de 2025, al cumplir 75 años de edad, el arzobispo presentó su renuncia al cargo ante el Papa León XIV, como lo establece el Derecho Canónico para los obispos diocesanos. Esta aún no ha sido aceptada, por lo que continúa al frente de la arquidiócesis en tanto el Vaticano toma una decisión sobre su sucesión.
El Papa León XIV, quien le envió un mensaje el pasado domingo que leyó el Nuncio, determinará el momento para nombrar al nuevo arzobispo de Puebla.
Un prelado extraordinario que ha sido protagonista de la historia reciente de Puebla, con una aportación a favor de la unidad y la conciliación de los poblanos, lejos de los extremismos y las condenas.
De las anécdotas que se cuentan
En la celebración, don Víctor mando un mensaje especial a los empresarios poblanos:
“Están presentes también aquí acompañándome, un gran número de empresarios, grandes, medianos y pequeños. Que mueven nuestro estado, no solo en lo económico y laboral, sino también en lo social y humano.
“En la figura de los presidentes de los diferentes organismos empresariales, pero también en mis amigos marmoleros, en los de la Central de Abasto, en los ganaderos y pequeños comerciantes, en quienes van al día a día, veo en cada uno, el deseo de futuro, de esperanza, de que, así como lo decimos coloquialmente hablando, así como una golondrina no hace verano, un mal día no hace una mala vida, ni una mala racha nos determina.
“Pero también quiero repetirles en voz alta: la gran empresa es su alma, su familia, la comunidad, los amigos; así como la honestidad, el valor para seguir emprendiendo, y la huella positiva que dejen a sus hijos y colaboradores”.
El mensaje está ahí y no se valen oídos sordos.
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