Meta -Instagram, Facebook- y Google –YouTube- son consideradas plataformas altamente adictivas en Puebla y México, debido a diseños de ingeniería enfocados en generar dependencia, lo que ha derivado en problemas de salud mental y ciberacoso en niños y jóvenes.
En marzo pasado, un jurado en Los Ángeles declaró culpables a Meta y Google por causar adicción y daños a la salud mental en jóvenes, destacando el impacto de Instagram y YouTube, con una indemnización millonaria. El fallo señala que las plataformas están diseñadas intencionalmente para ser "máquinas de adicción".
Puebla se posiciona en el sexto lugar nacional en el país con más usuarios de internet. El uso de redes sociales es casi universal entre jóvenes poblanos, lo que aumenta la exposición a estos mecanismos adictivos. El uso excesivo de estas plataformas ha sido vinculado con un aumento en la ansiedad, depresión y pensamientos suicidas, especialmente a quienes acceden a estas redes desde temprana edad.
En 2024, Puebla figuró entre los primeros cinco lugares a nivel nacional en ciberacoso contra adolescentes, un factor estrechamente relacionado con el uso abusivo de plataformas como Meta y YouTube.
Expertos señalan que los algoritmos de recomendación y notificaciones están diseñados para fomentar la comparación social negativa y una necesidad constante de "likes".
La adicción a las plataformas de Meta y Google es un problema significativo en Puebla. Ahora son reconocidos internacionalmente por sus efectos perjudiciales en la salud mental, especialmente en niños y adolescentes.
Se sabe que, durante años, Silicon Valley se ha amparado en la ley que establece que las compañías no son responsables del contenido generado por sus usuarios y ha defendido que la tecnología es neutra y que los algoritmos sólo persiguen mejorar la experiencia de navegación.
El mes pasado, un jurado de Los Ángeles dictaminó que las aplicaciones de dos de las grandes tecnológicas, Meta y Google, son adictivas, que han sido diseñadas expresamente para mantener a los usuarios enganchados y que sus propietarios han sido negligentes en la protección de los niños y adolescentes que las utilizan.
En otro caso, en Nuevo México, un jurado ha condenado a Meta —matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram— por no haber prevenido la explotación sexual infantil en sus plataformas.
Son dos sentencias sin precedentes —y con implicaciones de alcance global— que responsabilizan a las compañías por los daños causados por sus decisiones de diseño, en lugar de por el contenido que alojan.
El fallo de Los Ángeles confirma que las técnicas de navegación que aplican las empresas de redes sociales para ganar afluencia —el scrolling infinito, las recomendaciones algorítmicas, los vídeos de reproducción automática o los filtros de belleza— impiden poner límites claros al tiempo de uso y favorecen dinámicas adictivas que afectan especialmente a los menores.
De ahí se deriva su responsabilidad.
Luego de años de preocupación por parte de padres y autoridades, las tecnológicas han acabado por implantar herramientas, principalmente destinadas a los progenitores, con el fin de proteger a los menores y restringir el acceso a determinados contenidos. La justicia acaba de dictaminar que esas medidas son claramente insuficientes.
El veredicto de Los Ángeles da la razón a países como Australia, Francia, Dinamarca o España, que quieren prohibir el acceso a estas aplicaciones a los menores de 16 años.
El uso creciente de las redes en la última década y media ha coincidido con un aumento exponencial de los niveles de depresión, ansiedad y otras enfermedades mentales entre los menores. Y pese a la dificultad para establecer una relación directa entre estos dos hechos, se amontonan las pruebas contra un ecosistema digital que amplifica las vulnerabilidades en una etapa especialmente sensible del desarrollo.
Las repercusiones financieras de estos casos son leves para empresas con ganancias milmillonarias. El fallo de Los Ángeles condena a Meta y a Google a pagar en daños compensatorios a la denunciante tres millones de dólares cada una; la sentencia de Nuevo México obliga a la compañía de Mark Zuckerberg a desembolsar 375 millones de dólares.
En 2025, Meta alcanzó ganancias de 60 mil 458 millones de dólares; 132 mil 172 millones en el caso de Google. Sin embargo, ambos veredictos pueden sentar las bases para las más de 3 mil demandas de particulares y familias que siguen pendientes en los tribunales.
Las plataformas TikTok y Snap llegaron a un acuerdo extrajudicial con los demandantes para evitar enfrentarse a la batalla legal.
La historia está plagada de fallos millonarios contra empresas que han sobrevivido a cuantiosas multas y han seguido haciendo negocios.
Hay una larga lista de compañías y sectores que se ven obligados a cambiar la composición de sus productos tras una ola de sentencias en su contra y cuya percepción por parte de la sociedad cambia radicalmente tras las evidencias demostradas en esos juicios.
Las redes sociales se mantendrán impunes como las conocemos hasta ahora o tendrán que cambiar radicalmente para no verse en más conflictos legales.
La legalidad está en juego, la impunidad prevalece.
De las anécdotas que se cuentan
El uso mal intencionado de la Inteligencia Artificial (IA) que genere violencia digital se propone castigar en Puebla con hasta ocho años de prisión, cuando se realicen publicaciones contra niños, niñas y mujeres.
La diputada local panista, Celia Bonaga, propuso esta semana combatir la creación y difusión de contenidos falsos —conocidos como deepfake— que vulneran la integridad e identidad de las personas.
Para lograr el castigo contra aquellos que generen contenido con IA, lo publique y afecte a niños, niñas y mujeres propuso crear el capítulo vigésimo sexto en el Código Penal poblano, bajo el nombre de Uso indebido de la Inteligencia Artificial.
La reforma plantea sanciones para quienes utilicen herramientas tecnológicas para manipular imágenes, audios o videos con el objetivo de suplantar la identidad de un tercero o difundir contenido de carácter sexual sin consentimiento, lo que en muchas ocasiones se aplica en redes sociales.
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