Atlixco, Pue.– Entre música, danzas tradicionales y expresiones de profunda devoción comunitaria, habitantes de la junta auxiliar de San Pedro Benito Juárez, en el municipio de Atlixco, se reunieron este 12 de marzo para rendir homenaje al volcán Popocatépetl, una de las montañas más emblemáticas del país.
Desde las primeras horas del día, familias completas comenzaron a concentrarse en la plaza principal de la comunidad para participar en una ceremonia colectiva que forma parte de una tradición ancestral profundamente arraigada en la identidad cultural de la región. El encuentro reunió a pobladores, danzantes y visitantes que, año con año, mantienen viva esta celebración dedicada al coloso.
Ritual comunitario en honor a “Don Goyo”
Durante la jornada, los pobladores realizaron cantos, danzas y un recorrido simbólico hacia la zona boscosa del volcán para conmemorar su aniversario. En medio del ambiente festivo y espiritual, los asistentes entonaron “Las Mañanitas” dedicadas al volcán, al que cariñosamente llaman “Don Goyo”.
Además, colocaron diversas ofrendas alimenticias como frutas, pan y otros productos tradicionales, como muestra de respeto y agradecimiento a la montaña. Este ritual integra elementos espirituales, culturales y comunitarios heredados por generaciones.
Para los habitantes de la región, el volcán representa más que una formación geológica. Por el contrario, simboliza un ser protector que forma parte de su cosmovisión y de su vida cotidiana.
A pesar de las fuertes rachas de viento registradas durante la jornada, los pobladores continuaron con las actividades programadas. La celebración, aseguran, es una muestra del vínculo histórico y espiritual que la comunidad mantiene con el volcán.
Vigilancia y medidas de seguridad
Debido a la actividad constante del volcán Popocatépetl, autoridades de Protección Civil implementaron un operativo especial para acompañar la festividad.
Durante el evento, personal de seguridad y brigadas de apoyo supervisaron el ascenso de los participantes hacia la zona boscosa cercana al coloso, con el objetivo de garantizar condiciones seguras durante el desarrollo de la celebración.
San Pedro Benito Juárez es considerada la comunidad más cercana al cráter del volcán dentro del municipio de Atlixco, ya que se encuentra aproximadamente a 14 kilómetros de distancia. Se trata de una localidad con profundas raíces indígenas donde el náhuatl continúa siendo una lengua viva entre muchos de sus habitantes.
El ritual encabezado por los tiemperos
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue el ritual encabezado por Don Antonio, conocido como “tiempero” del municipio de Santiago Xalitzintla, una comunidad con larga tradición en ceremonias dedicadas al volcán.
Los tiemperos son personas reconocidas por las comunidades como intermediarios espirituales capaces de dialogar con las fuerzas de la naturaleza, especialmente con el volcán.
En esta ocasión, el ritual se realizó en las faldas del Parque Nacional Izta-Popo, donde inició una caminata para llevar la tradicional ofrenda prehispánica multicolor.
La ofrenda estaba compuesta por listones, flores, frutas, verduras, incienso, alimentos e incluso ropa como camisa, pantalón y zapatos, elementos que simbólicamente se entregan al volcán como muestra de respeto y gratitud.
El ritual comenzó con el sonido prolongado de un caracol marino, instrumento ceremonial utilizado para invocar el espíritu de “Don Goyo”. Posteriormente se realizaron cánticos y se elevó humo de incienso mientras los participantes solicitaban permiso para acercarse a la montaña.
Finalmente, todos los presentes entonaron nuevamente “Las Mañanitas” en honor al volcán, celebrando simbólicamente su cumpleaños.
Un volcán con más de 700 mil años
De acuerdo con estudios científicos, el volcán Popocatépetl tiene una edad aproximada de 730 mil años, según investigaciones paleomagnéticas realizadas por especialistas.
Su nombre proviene del náhuatl y significa “montaña que humea”, una referencia directa a su actividad volcánica constante.
Este volcán activo alcanza una altitud de 5 mil 413 metros sobre el nivel del mar y se ubica en los límites territoriales de los estados de Puebla, Estado de México y Morelos.
Además, se encuentra a unos 72 kilómetros al sureste de la Ciudad de México y a aproximadamente 43 kilómetros de la ciudad de Puebla.
El Popocatépetl posee una forma cónica simétrica y se conecta con el volcán Iztaccíhuatl mediante un paso montañoso conocido como el Paso de Cortés.
Con su imponente presencia, es el segundo volcán más alto de México, únicamente superado por el Pico de Orizaba.
Leyendas que rodean al volcán
El Popocatépetl también forma parte de diversas leyendas que han pasado de generación en generación.
Una de las más conocidas relata la historia de amor entre la princesa tlaxcalteca Iztaccíhuatl y el guerrero Popocatépetl. Antes de partir a la guerra, el joven pidió al padre de la princesa su mano en matrimonio, quien aceptó con la condición de que regresara victorioso.
Sin embargo, un rival del guerrero engañó a la princesa haciéndole creer que Popocatépetl había muerto en combate. Consumida por la tristeza, la joven falleció.
Cuando el guerrero regresó victorioso y supo de la muerte de su amada, ordenó levantar una enorme montaña para honrarla. Sobre la cima colocó el cuerpo de la princesa y permaneció a su lado velándola eternamente con una antorcha.
Con el paso del tiempo, la nieve cubrió sus cuerpos y ambos se transformaron en volcanes, permaneciendo frente a frente como símbolo de amor eterno.
El origen del nombre “Don Goyo”
Otra tradición popular señala que el volcán se manifiesta ocasionalmente en forma de un anciano llamado Gregorio.
De acuerdo con relatos de pobladores de comunidades cercanas, este personaje aparece en distintos pueblos de la región para advertir o aconsejar a los habitantes sobre el comportamiento que deben tener con la naturaleza.
Por ello, muchas personas llaman al volcán “Don Goyo”, una forma afectuosa derivada del nombre Gregorio.
Para los habitantes de las comunidades cercanas, esta figura representa la presencia viva del volcán y refuerza el respeto que sienten hacia la montaña.
La celebración del 12 de marzo no sólo reafirma esta relación espiritual, sino que también fortalece la identidad cultural y la continuidad de tradiciones que han sobrevivido durante siglos en las comunidades que viven a la sombra del Popocatépetl.
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