Atlixco, Pue. El mercado de Santa Rita se prepara para recibir a más de 50 mil visitantes entre productores, mayoristas y familias que buscan la flor que iluminará el camino de sus muertos.
El operativo de venta inició este jueves y culminará el 3 de noviembre, dejando una derrama económica estimada en 350 millones de pesos, cifra que podría crecer hasta 12% respecto al año anterior, de acuerdo con Marco Martínez, jefe del mercado.
“A partir de este jueves ya podrán acercarse a comercializar su flor de temporada con todo gusto. Los primeros días la afluencia es baja, pero entre el 25 y el 26 de octubre empieza el movimiento fuerte, cuando en las comunidades comienza el corte”,
—Marco Martínez, jefe del mercado de Santa Rita.
Un imperio naranja construido con manos campesinas
Este año, 470 hectáreas de cultivo en Atlixco se tiñeron de dorado y rojo intenso, gracias al trabajo de 12 mil productores, cuya labor sostiene una tradición agrícola que trasciende lo económico: fortalece la identidad cultural y la cohesión comunitaria.
Atlixco es considerado uno de los principales epicentros del cempasúchil y el terciopelo en el país. En estas fechas, los caminos rurales se transforman en ríos naranjas que desembocan en los mercados, donde la demanda se multiplica conforme se acerca el Día de Muertos.
Precios sujetos al cielo
El factor climático definirá el comportamiento del mercado. Las recientes lluvias —abundantes e irregulares— podrían encarecer la producción y, con ello, el precio final para mayoristas y consumidores.
“El año pasado el precio de los chongos rondó los 50 pesos y las maletas alcanzaron los 150. Sin embargo, las lluvias abundantes pudieron afectar la producción, y eso podría elevar los precios este año”,
—Marco Martínez.
Aun con la incertidumbre de costos, los productores confían en que el mercado se mantenga dinámico y accesible para quienes celebran a sus muertos con flores como símbolo de luz, memoria y retorno.
Santa Rita, altar colectivo
Con este arranque, Atlixco vuelve a erigirse como el corazón de la flor de muerto en Puebla, donde tradición y economía se entrelazan en un fenómeno social que convoca a miles. Cada tallo, cada pétalo y cada venta cuentan la historia de una celebración que, año con año, confirma que la vida sigue floreciendo, incluso desde el recuerdo.
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