Una huella de apenas siete centímetros de longitud se convirtió en uno de los registros más llamativos de un nuevo estudio paleontológico realizado en Puebla. El rastro corresponde a un pequeño terópodo y forma parte de cuatro nuevas icnitas de dinosaurios documentadas en la Formación San Juan Raya, en el sureste del estado.
El trabajo fue encabezado por Alan Fabián Celestino Hernández y Diego Enrique Lozano Carmona, junto con Francisco J. Jiménez-Moreno y Ricardo Agustín-Serrano. La investigación fue publicada el 30 de junio de 2026 en la revista científica Paleontología Mexicana y describe evidencias atribuidas a dinosaurios de los grupos Theropoda y Sauropoda del Cretácico Temprano.
Los rastros fueron localizados en la barranca El Salitrillo, en Santa Ana Teloxtoc, municipio de Tehuacán, y en el río Magdalena, en San Martín Atexcal. Son zonas que conservan información sobre los ambientes que existieron en esta región poblana hace millones de años.
Una huella de siete centímetros revela a un dinosaurio diminuto
Entre los cuatro registros destaca una icnita tridáctila de terópodo de no más de siete centímetros, perteneciente a un ejemplar de tamaño pequeño. De acuerdo con la información difundida por la BUAP, se trata de la huella de dinosaurio más pequeña localizada hasta ahora en Puebla.
Las estimaciones realizadas por los investigadores indican que el animal habría tenido aproximadamente 30 centímetros de altura, cerca de un metro de longitud y unos dos kilogramos de peso.
El hallazgo resulta relevante porque las evidencias de dinosaurios pequeños son menos frecuentes que las correspondientes a animales de mayores dimensiones. La huella permite ampliar la información sobre los distintos tamaños y tipos de dinosaurios que transitaron por esta zona.
La publicación científica confirma que el ejemplar dejó una huella tridáctila de hasta siete centímetros y que el equipo utilizó las dimensiones de las icnitas para realizar estimaciones paleobiológicas de altura, longitud y masa corporal.

Tres terópodos y un saurópodo quedaron registrados en Puebla
Los investigadores identificaron en la barranca El Salitrillo una huella producida por un saurópodo pequeño, además de dos icnitas de terópodos: una correspondiente a un individuo de tamaño intermedio y otra al ejemplar pequeño cuya pisada mide siete centímetros.
En el río Magdalena, en San Martín Atexcal, fue registrada otra icnita de terópodo, asociada a un ejemplar de tamaño mediano con características que muestran tendencia hacia dimensiones mayores.
La huella del saurópodo también llamó la atención por presentar una morfología circular y la impresión de tres garras, una configuración poco común entre los materiales estudiados.
Las icnitas no son restos del esqueleto del animal. Son rastros producidos por su actividad, en este caso, impresiones dejadas por sus patas sobre el terreno y posteriormente conservadas dentro de las rocas.
“Son huellas verdaderas; es decir, es un molde que dejó el pie del animal que pasó caminando por el lugar hace unos 132 millones de años”, explicó Diego Lozano Carmona.
El investigador añadió que la forma de las impresiones permitió interpretar que los animales caminaban por la zona, en lugar de correr o trotar.
Fotogrametría rescata huellas que pueden desaparecer
Una parte fundamental del proyecto consiste en documentar las huellas mediante fotogrametría, una técnica que utiliza numerosas fotografías tomadas desde distintos ángulos para reconstruir digitalmente un objeto en tres dimensiones.
El artículo científico explica que las imágenes fueron procesadas para generar modelos 3D que permitieran observar con mayor detalle las características morfológicas de cada icnita y obtener medidas utilizadas posteriormente en las estimaciones paleobiológicas.
Esta metodología resulta especialmente útil porque algunas huellas quedan expuestas a la erosión natural y pueden deteriorarse o desaparecer con el paso del tiempo. Los modelos digitales y las impresiones tridimensionales permiten conservar una réplica de esa información incluso cuando el ejemplar original deja de ser visible.
El estudio completo puede consultarse en la publicación especializada. Consultar estudio en Paleontología Mexicana
San Juan Raya ya había revelado dinosaurios en Puebla
Las nuevas icnitas amplían un registro paleontológico que cuenta con antecedentes. En 2012, una investigación documentó huellas de dinosaurios en San Martín Atexcal, también dentro de la Formación San Juan Raya.
Aquel estudio identificó seis niveles con rastros fósiles y describió huellas asociadas con terópodos, ornitópodos y saurópodos. Los investigadores interpretaron parte del antiguo paisaje como una planicie fangosa sometida a mareas, dentro de un ambiente marginal marino.
Esta característica resulta particularmente interesante porque la región de San Juan Raya es conocida por su abundante registro de fósiles marinos. Las huellas de dinosaurios muestran que animales terrestres también recorrieron superficies expuestas dentro de aquel paisaje costero del Cretácico Temprano.
Por ello, los cuatro nuevos registros no representan el primer descubrimiento de dinosaurios en la región, sino una ampliación de la evidencia disponible sobre la diversidad de animales que transitaron por el sureste poblano.

Las huellas también se convierten en patrimonio comunitario
El trabajo científico tiene además una dimensión de conservación. Las evidencias encontradas en Santa Ana Teloxtoc forman parte del patrimonio paleontológico de una comunidad que ha desarrollado actividades para preservar y divulgar su historia natural.
La documentación digital permite que estos rastros puedan estudiarse incluso después de que la erosión modifique las superficies originales. También abre la posibilidad de producir réplicas mediante impresión 3D destinadas a investigación, educación y divulgación.
Los investigadores plantean continuar con la búsqueda y descripción de nuevas huellas, estudiar la diversidad de dinosaurios de esta región y perfeccionar fórmulas que permitan estimar altura, longitud y peso de los animales a partir del tamaño de sus pisadas.
Cada nuevo rastro añade una pieza a un paisaje que existió hace más de cien millones de años: uno en el que pequeños terópodos, grandes carnívoros y saurópodos caminaron por terrenos que hoy forman parte de Tehuacán y San Martín Atexcal.
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