Puebla, Pue. En un ambiente de profundo recogimiento, fe y tradición, el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, encabezó la Procesión de Viernes Santo, que congregó a más de 180 mil fieles católicos en el corazón de la ciudad.
Desde tempranas horas, familias enteras, peregrinos y visitantes se dieron cita en el centro histórico para acompañar este acto solemne que recuerda la pasión y muerte de Jesucristo.
Entre oraciones, cantos y un respetuoso silencio, las calles poblanas se transformaron en un escenario de fervor religioso.
La procesión fue guiada por la imagen del Niño Doctor de Tepeaca, símbolo de esperanza y consuelo para miles de creyentes, que caminaron junto a las andas en señal de fe y agradecimiento.
En este recorrido participaron ocho imágenes religiosas de gran devoción e importancia histórica.
La sagradas imágenes
Sobresale el Cristo de la Expiración, proveniente del Templo del Carmen, que presidió el acto central y marcó uno de los momentos más solemnes de la jornada. Varias de estas imágenes datan de los siglos XVI y XVII, consideradas no sólo símbolos de fe sino verdaderas joyas del arte sacro que son resguardadas con especial cuidado.
Las imágenes que acompañaron esta manifestación religiosa fueron:
Virgen de la Soledad
Virgen de los Dolores
Señor de las Maravillas
Jesús Nazareno
Señor de las Tres Caídas
Jesús de la Misericordia
Niño Doctor de Tepeaca
A su paso, los fieles mostraron su devoción con miradas de esperanza, rezos y promesas, mientras otros, en silencio, contemplaban el significado de esta fecha sagrada.
Las andas, cargadas por devotos, avanzaron lentamente entre incienso y el sonido de tambores, creando una atmósfera de solemnidad que envolvió cada rincón del primer cuadro de la ciudad.
El recorrido contó con un operativo especial para garantizar la seguridad de los asistentes, sin que ello interrumpiera el carácter espiritual de la procesión.
La alta participación reafirmó a esta procesión como una de las más grandes y significativas de México, donde la fe no sólo se manifiesta sino que se comparte y se vive intensamente, consolidando a Puebla como un referente nacional de tradición religiosa.


















