Puebla, Pue- Académicas de la Facultad de Psicología de la UPAEP afirmaron que promover conductas prosociales desde edades tempranas puede disminuir la aparición de actitudes violentas a lo largo de la vida. Durante una sesión informativa, las especialistas explicaron que la violencia es un fenómeno complejo que no puede entenderse desde una sola disciplina, por lo que advirtieron que se requiere una intervención coordinada entre familias e instituciones educativas.
La violencia como fenómeno multifactorial
La profesora Brenda Trejo Torres sostuvo que la violencia surge de múltiples variables psicológicas, sociales y culturales. Por ello, señaló que la comprensión y prevención del fenómeno deben abordarse con un enfoque integral. Además, mencionó que los programas de educación emocional y el fortalecimiento de habilidades sociales son esenciales, ya que fomentan la empatía, la compasión y una adecuada regulación interpersonal.
Trejo indicó que estas estrategias permiten que niñas y niños identifiquen emociones, manejen conflictos y construyan relaciones sanas. De esta manera, agregó que se reduce el riesgo de normalizar comportamientos agresivos en etapas posteriores.
La familia y la escuela como primeros entornos de aprendizaje
Por su parte, la académica María Limón Cordero enfatizó que las primeras manifestaciones de violencia se aprenden principalmente en el hogar, donde se forman los patrones de convivencia más influyentes. También explicó que la escuela refuerza esos comportamientos, por lo que ambos entornos se vuelven decisivos para prevenir futuras violencias.
Asimismo, Limón recordó que la violencia puede surgir en formas física, psicológica, verbal, sexual o laboral, por lo que resulta indispensable atender cualquier señal desde su origen. Añadió que estos comportamientos pueden transmitirse de generación en generación si no se implementan acciones oportunas.
Violentómetro: herramienta útil pero limitada sin redes de apoyo
Respecto al violentómetro, Limón Cordero mencionó que su utilidad ha sido limitada. Aunque es un instrumento diseñado para identificar niveles de agresión, muchas víctimas desconocen cómo pedir ayuda o consideran normales ciertas conductas. Por ello, advirtió que si no existen redes de apoyo efectivas, la herramienta pierde impacto.
Finalmente, ambas académicas coincidieron en que la prevención debe iniciar desde la infancia, porque solo así se fortalecen habilidades socioemocionales capaces de contrarrestar la violencia antes de que se vuelva un problema estructural.
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