“Por las buenas o por las malas”. Con esa frase, Donald Trump volvió a sacudir el tablero geopolítico al insistir en su interés por Groenlandia, territorio autónomo que desde hace más de dos siglos forma parte del Reino de Dinamarca. En Copenhague y en Nuuk, capital groenlandesa, la advertencia no se toma a la ligera.
Autoridades y analistas revisan antecedentes históricos —como Alaska, Luisiana o las Islas Vírgenes— y buscan paralelismos contemporáneos en Venezuela, Crimea, Panamá o las Islas Marshall. Se desempolvan tratados, se estudian escenarios y crece la inquietud ante la posibilidad de que Estados Unidos busque controlar la isla ártica.
“Como dirigentes de los partidos políticos de Groenlandia reiteramos una posición firme: el desprecio de Estados Unidos por nuestro país debe terminar”, afirmaron el primer ministro Jens-Frederik Nielsen y líderes parlamentarios, en respuesta a Trump, quien advirtió que si no hay acuerdo, “Rusia o China tomarán Groenlandia”.

1. Intervención militar: el escenario extremo
Tras la breve incursión estadounidense en Venezuela, el 3 de enero, surgió una pregunta inquietante: ¿podría repetirse algo similar en Groenlandia? El territorio es 50 veces más grande que Dinamarca y tiene menos de 60 mil habitantes.
Expertos advierten que no se trataría solo de presionar a un gobierno, sino de incorporar el territorio a Estados Unidos. El escenario incluiría la toma de edificios estratégicos y un control directo. Aunque no es el más probable, encuestas indican que una parte de la población danesa cree posible el uso de la fuerza.
Analistas recuerdan, además, que operar militarmente en el Ártico implica riesgos extremos por el clima, al punto de que el frío podría causar más bajas que un enfrentamiento armado.
2. Guerra híbrida y presión política
Otra posibilidad es una estrategia más sutil. Estados Unidos ya cuenta con presencia militar en la base de Pituffik y podría recurrir a métodos similares a los usados por Rusia en Crimea: presión política, actores no identificados y acciones legales cuestionables.
Constitucionalmente, Groenlandia necesitaría un referéndum de independencia antes de cualquier adhesión, un proceso que tomaría años. Acelerar ese camino, advierten expertos, implicaría acciones ilegales y una fuerte polarización interna.
3. Disuasión diplomática desde Europa
El escenario más insólito es pensar en un ataque de un aliado de la OTAN contra otro. Dinamarca y la Unión Europea apuestan por la disuasión diplomática, apoyándose en el Congreso estadounidense y en sectores del Pentágono que respaldan la alianza atlántica.
Sin embargo, Trump ha llegado a plantear una disyuntiva directa: OTAN o Groenlandia, lo que eleva la presión sobre sus socios europeos.
4. La compra: una vieja obsesión
Trump ya había propuesto comprar Groenlandia en 2019. Aunque pareció una excentricidad, Estados Unidos tiene antecedentes claros: Luisiana, Alaska y las Islas Vírgenes fueron adquiridas mediante acuerdos financieros.
Dinamarca ya rechazó ofertas similares en el pasado, incluida una propuesta de Harry Truman en 1946. Hoy, tanto Copenhague como Nuuk insisten: “Groenlandia no está en venta”.

5. Asociación estratégica
Una alternativa intermedia sería un Acuerdo de Libre Asociación, similar al que Estados Unidos mantiene con territorios del Pacífico. Groenlandia sería formalmente independiente, pero con una relación de seguridad y económica muy estrecha con Washington.
Aunque no es imposible, expertos consideran poco probable este modelo, ya que existen tratados vigentes que regulan la defensa y cooperación.
6. El acuerdo como salida política
El tratado de defensa de 1951 ya permite a Estados Unidos ampliar su presencia militar e invertir en Groenlandia. Dinamarca podría ofrecer ajustes que Trump presente como una victoria política, sin ceder el control territorial.
El antecedente de Panamá muestra que Trump puede conformarse con acuerdos estratégicos si logra beneficios visibles. Para analistas, la clave está en garantizar que China y Rusia no ganen influencia en el Ártico.
En Copenhague creen que el marco legal actual es suficiente para responder a las preocupaciones de seguridad. El desafío mayor será contener la ambición de Trump de proclamar a Groenlandia como parte de Estados Unidos, una idea que, por ahora, sigue encontrando un rechazo frontal en Dinamarca y entre los groenlandeses.

Con información de El País
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