Cantar correctamente “Golden”, la canción de la película Las guerreras k-pop, se ha convertido en un reto viral. El tema, que ganó un Grammy el domingo pasado y obtuvo otras tres nominaciones, incluye palabras en coreano que han llevado a miles de personas a buscar tutoriales de pronunciación en YouTube y TikTok.
Los videos explicativos acumulan millones de reproducciones y reflejan una tendencia clara: el interés por aprender coreano en Estados Unidos crece al ritmo de la cultura pop surcoreana.

El coreano se vuelve “cool” en Estados Unidos
La obsesión estadounidense por la cultura pop coreana ya no se limita a consumir música o series. Cada vez más personas, sin vínculos personales con Corea del Sur, estudian el idioma o aprenden el hangul, el alfabeto coreano.
Este auge se traduce en cifras. Duolingo reportó un aumento del 22 % en estudiantes de coreano en Estados Unidos en solo un año (Duolingo). Al mismo tiempo, universidades de California a Arkansas ampliaron su oferta de cursos, mientras institutos de idiomas contratan más profesores para cubrir la demanda.
“Solo estamos limitados por nuestra propia capacidad”, afirmó Tammy Kim, directora ejecutiva del Korean American Center en Irvine, California.

La ola coreana y su impacto global
Conocida como hallyu, la ola cultural coreana irrumpió en Estados Unidos en 2012 con Gangnam Style de Psy, el primer video de YouTube en superar los mil millones de vistas. Desde entonces, Corea del Sur se consolidó como una potencia cultural:
BTS llenó estadios y apareció en Saturday Night Live.
Blackpink encabezó Coachella.
Parásitos ganó el Oscar a Mejor Película.
El juego del calamar se convirtió en la serie más vista de Netflix.
Las guerreras k-pop superó los 325 millones de reproducciones y fue nominada al Oscar (Netflix).
Aunque muchas producciones están en inglés, gran parte del contenido conserva el coreano, ya sea con subtítulos o mezclado con letras en inglés, como ocurre en el k-pop.

Universidades y aulas llenas de nuevos estudiantes
El crecimiento del coreano resulta aún más llamativo en un contexto de caída general del interés por lenguas extranjeras. Entre 2016 y 2021, las inscripciones universitarias bajaron 16 %, según la Asociación de Lenguas Modernas (MLA).
Sin embargo, el coreano rompió la tendencia con un aumento del 38 %, el más alto entre todos los idiomas. En la Universidad de California en Berkeley, el número de cursos introductorios pasó de dos a nueve en dos décadas, la mayoría dirigidos a estudiantes sin herencia lingüística.
“No podría haberlo imaginado hace 20 años”, reconoció Junghee Park, coordinadora del programa.

De Netflix al aula: historias personales
El interés también surge en lo cotidiano. Brecken Hipp, de 35 años, decidió estudiar coreano tras frustrarse con los subtítulos mientras veía un programa coreano en Netflix. Ahora dedica hasta ocho horas semanales al idioma.
En Maryland, Bob Huh, profesor de bachillerato, observa que muchos de sus alumnos llegan a clase con frases aprendidas del k-pop. “Saben más de k-pop que yo”, admite.

Un idioma fascinante, pero complejo
Aprender hangul puede tomar solo unas horas, gracias a su lógica estructural. Sin embargo, alcanzar fluidez requiere años. La gramática varía según jerarquías sociales, edades y relaciones personales, lo que convierte al coreano en uno de los idiomas más difíciles para angloparlantes, según el Departamento de Estado de EE. UU. (U.S. Department of State).
Aun así, estudiantes como Lisa Hunt, de la Universidad de Brown, aseguran que el esfuerzo vale la pena. Comprender a los artistas en conciertos se ha convertido en una de sus mayores recompensas.
Más que música: identidad y conexión cultural
Para muchos, aprender coreano abre puertas más allá del entretenimiento. Angel Huang, estudiante de la Universidad de Duke, desarrolló un profundo interés por la historia y política coreanas, e incluso trabajó con refugiados norcoreanos en Seúl.
Otros, como el creador de contenido Max Abrams, encontraron en el idioma una herramienta para conectar socialmente, aunque reconocen que el impacto profesional es limitado.

Orgullo, no obsesión
Algunos estudiantes rechazan el estigma del término “koreaboo”. Andy Ko, de 21 años, afirma que hoy se siente orgulloso de usar palabras coreanas en conversaciones, algo que antes le generaba burlas.
Amber Guidry, científica en Seattle, integra el idioma y la cultura coreana en su vida diaria, desde la comida hasta el entretenimiento. En una proyección de Las guerreras k-pop, observó cómo niños y adultos cantaban “Golden”, incluso en sus versos en coreano.
El idioma como puerta a un nuevo mundo
El auge del coreano en Estados Unidos demuestra que la cultura pop puede transformar hábitos educativos y derribar barreras lingüísticas. Para muchos, aprender el idioma ya no es una moda pasajera, sino una forma de entender mejor un mundo cada vez más conectado.
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