Lo que ocurrió en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX no fue simplemente un intermedio musical; fue una toma de postura cultural y política. Desde la Ciudad de México se analiza el impacto de una puesta en escena que inició con la estética de las telenovelas y personajes que encarnan la cotidianidad de América Latina: el campesino, el peluquero y el vendedor ambulante. Bajo la mirada de casi 130 millones de espectadores, Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, utilizó el escenario más grande del deporte estadounidense para pregonar "el otro sueño americano", provocando una fuerte reacción en los sectores más conservadores de la Casa Blanca.
El español como arma de resistencia
Detrás del despliegue de luces y coreografías, el trasfondo fue la reivindicación de una lengua hablada por más de sesenta millones de personas en Estados Unidos. La presencia de Bad Bunny resultó disruptiva frente a la tradición anglosajona del evento. Su decisión de no girar en EE. UU. durante la promoción de su álbum Debí tirar más fotos, como protesta ante las políticas migratorias de la administración de Donald Trump y las acciones del ICE, le dio a esta presentación un peso simbólico contundente. Cada estrofa en español fue una declaración de soberanía cultural en un territorio que a menudo intenta invisibilizar a la comunidad latina.
Colaboraciones con mensaje y simbolismo
El escenario, que replicaba la calidez de una casita de barrio, fue testigo de alianzas estratégicas. Bad Bunny compartió micrófonos con Lady Gaga para interpretar Baile inolvidable, en un claro gesto de oposición política. Asimismo, se unió a la leyenda Ricky Martin en el tema Lo que le pasó a Hawaii, una canción que denuncia el despojo de tierras en Puerto Rico. Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando Benito entregó su recién ganado Grammy a un niño, rompiendo el protocolo y conectando con las nuevas generaciones.
Del apagón a la soberanía boricua
Las señales políticas fueron constantes durante toda la transmisión. En un punto del show, el escenario simuló un apagón mientras el artista trepaba a un poste eléctrico, una clara alusión a las crisis energéticas que sufre Puerto Rico tras el paso de los huracanes. El clímax llegó con el ondear de la bandera puertorriqueña en azul celeste, símbolo de la lucha independentista, y un balón de fútbol americano con la leyenda "Together, we are America". Acompañado por banderas de todo el continente, Bad Bunny cerró una noche que la propia Shakira calificó como un recordatorio al mundo de lo que significa el verdadero sueño americano, desafiando la visión de una nación exclusivamente blanca y anglosajona.














