El Virus del Papiloma Humano (VPH) representa el principal factor de riesgo para el desarrollo del cáncer cervicouterino, una enfermedad prevenible que continúa siendo una de las principales causas de muerte oncológica en mujeres. De acuerdo con especialistas, aunque la mayoría de las infecciones por VPH se eliminan de forma natural, la persistencia del virus en ciertos grupos exige acciones preventivas contundentes y sostenidas.
En el marco del Mes de Concientización del Cáncer Cervical, se llevó a cabo una conferencia magistral enfocada en salud pública oncológica, donde se abordaron estrategias de prevención primaria y secundaria. La ponencia estuvo a cargo de la Dra. Josefina Romaguera, profesora del Instituto de Ginecoobstetricia del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.
Panorama epidemiológico: una carga desigual
Durante su exposición, la especialista explicó que el cáncer de cuello uterino es el cuarto tipo de cáncer más frecuente en mujeres a nivel mundial. Tan solo en 2022 se registraron aproximadamente 660 mil nuevos casos y 350 mil defunciones, concentradas principalmente en África, América Latina y el Caribe.
En este contexto, la República Dominicana enfrenta una situación particularmente delicada, al registrar 967 nuevos casos y 622 muertes en 2020, posicionándose como la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres. En contraste, Puerto Rico presenta una tasa significativamente menor, lo que evidencia una brecha regional en acceso a prevención y atención médica.
Además del cáncer cervicouterino, el VPH está asociado con cáncer anal, vaginal, de pene, de vulva y orofaríngeo. Según la Dra. Romaguera, se estima que el 80 por ciento de las personas sexualmente activas estarán expuestas al virus en algún momento de su vida.
Sin embargo, factores como el tabaquismo, la inmunosupresión y el inicio temprano de la vida sexual aumentan el riesgo de que la infección persista y evolucione hacia lesiones precancerosas.
Vacunación: la herramienta más eficaz
En materia de prevención primaria, la vacunación contra el VPH constituye la estrategia más efectiva. La Organización Mundial de la Salud impulsa la meta 90-70-90 para 2030, con el objetivo de eliminar el cáncer cervicouterino como problema de salud pública.
La especialista destacó que la vacuna contra el VPH puede reducir hasta en 70 por ciento los casos de cáncer uterino. No obstante, la cobertura global sigue siendo baja, especialmente en varones, lo que limita su impacto poblacional.
En cuanto a la prevención secundaria, la Dra. Romaguera explicó que las pruebas de ADN del VPH superan al Papanicolaou tradicional, al incrementar hasta en 35.7 por ciento la detección de lesiones de alto riesgo.
Aunque algunos países reportan altas tasas de tamizaje, la cobertura disminuye cuando se analizan los últimos tres años, reflejando barreras de acceso que deben ser atendidas de manera prioritaria.
Diagnóstico y tratamiento oportuno
Cuando se detecta una infección persistente, la colposcopia permite identificar lesiones precancerosas. En casos confirmados, la escisión quirúrgica resulta fundamental, ya que permite evaluar márgenes y descartar cáncer invasivo.
La especialista subrayó que el tratamiento no debe retrasarse más de seis meses, especialmente en contextos con recursos limitados, donde también pueden utilizarse alternativas como la crioterapia.
Las mujeres que viven con VIH requieren protocolos diferenciados. En estos casos, el tamizaje debe iniciar desde los 20 años y realizarse con mayor frecuencia, debido a la menor capacidad del organismo para eliminar el virus.
Finalmente, la Dra. Romaguera enfatizó que la combinación de vacunación masiva, tamizaje moderno y tratamiento oportuno puede cambiar de forma definitiva el panorama del cáncer cervicouterino en la región.
Con información de medicinaysaludpublica
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