En lo más profundo del cerebro, científicos han identificado un pequeño grupo de neuronas que permanecen activas incluso después de que una herida ha sanado. Este descubrimiento, realizado por investigadores de la Universidad de Pensilvania, revela un posible mecanismo cerebral que perpetúa el dolor crónico, un padecimiento que afecta a millones de personas en el mundo.
Un descubrimiento en el núcleo parabranquial
El estudio, publicado en Nature, se centró en el núcleo parabranquial, una región cerebral que actúa como centro de comunicaciones entre cuerpo y mente. Los investigadores hallaron un conjunto de neuronas específicas que se activan tras una lesión y permanecen encendidas durante días o semanas, generando una sensación de dolor incluso cuando el daño físico ha desaparecido.
Estas neuronas, además, portan receptores del neuropéptido Y, una molécula clave para la regulación del dolor persistente. La identificación de este “interruptor” neuronal marca un punto de inflexión en la comprensión del dolor crónico.
La llave cerebral del sufrimiento persistente
Los experimentos con ratones demostraron que al activar artificialmente estas neuronas, los animales mostraban comportamientos asociados al dolor, mientras que al inhibirlas, el dolor disminuía sin afectar la respuesta al dolor agudo, esencial para la supervivencia. Esto sugiere que el cerebro diferencia entre el dolor útil y el sufrimiento prolongado.
De manera sorprendente, cuando los ratones enfrentaban situaciones prioritarias como hambre o peligro, el cerebro reducía la percepción del dolor, liberando neuropéptido Y desde otras áreas para “silenciar” temporalmente las neuronas activadas.
El hallazgo plantea una pregunta clave: ¿por qué el dolor se vuelve permanente en algunas personas? Según los investigadores, el núcleo parabranquial podría actuar como una torre de control del sufrimiento, decidiendo si el dolor continúa o se disipa. Esta plasticidad cerebral explicaría por qué el dolor crónico puede persistir mucho después de una lesión.
Aunque los experimentos se realizaron en animales, los científicos creen que los resultados ofrecen una base sólida para entender cómo el cerebro humano procesa el dolor prolongado.
Nuevas vías terapéuticas
Las implicaciones médicas son amplias. Este descubrimiento podría inspirar el desarrollo de fármacos dirigidos al neuropéptido Y, además de terapias complementarias como meditación, acupuntura o estimulación cerebral profunda, orientadas a desactivar las neuronas del núcleo parabranquial.
El investigador Nicholas Betley subraya que estas neuronas podrían servir como biomarcadores objetivos del dolor crónico, revolucionando el diagnóstico y los tratamientos disponibles. “No podemos preguntar a un animal si se siente mejor, pero sí observar si su cerebro deja de emitir señales de dolor”, explicó.
Con información de nationalgeographic
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