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Los campeones sin corona


En opinión de...
Por Manuel Pérez Chalini | 2 Noviembre, 2026 | 14:23 h
Opinión
Los campeones sin corona

La vida de Rodolfo Casanova está documentada por el historiador del box Ricardo Magallón.

En esa obra, está documentada su pelea contra “Kid Chocolate” 1933.

Su vida, en la película Campeón sin corona (1946) de Alejandro Galindo,

con guión de Galindo y Gunther Gerszo, protagonizada por David Silva.

El propio Galindo declaró que el personaje era una amalgama de Casanova y Zurita,

con Kid Azteca como contrapunto moral.

La vida de Cuauhtémoc Cárdenas, en sus últimos años,

está documentada en su entrevista

con Elena Poniatowskay en el libro de Adolfo Gilly.

Hay dos hombres que explican mejor que nadie el fracaso de la izquierda mexicana y ninguno de los dos fue político. Uno peleaba en la Arena Coliseo, el otro en la vecindad de Peralvillo. Se llamaban Rodolfo “Chango” Casanova y Roberto “Kid” Terranova. Y su fantasma persigue desde hace 35 años a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Rodolfo Casanova existió. Fue nuestro primer campeón mundial de boxeo. Nació en León Guanajuato en 1915 y con su familia, siendo niño, se vio obligado a migrar a la ciudad de México, al barrio de la Lagunilla, poseía una pegada que lo hacía sobresalir de entre todos los demás. El 28 de septiembre de 1933 noqueó en tres rounds a Kid Chocolate en la ciudad de Los Ángeles. La transmisión de la pelea fue por radio en la XEW.

Todo México lloró de emoción. Por primera vez un pelado de vecindad era campeón del mundo. Y apenas contaba con 18 años.

¿Qué hizo el campeón con la corona? Lo que hace siempre el mexicano cuando triunfa: le dio vergüenza ser del pueblo.

Con los dólares ganados se compró trajes de casimir, se fue a vivir a la Colonia Roma, cambió a la novia de la vecindad por vedettes de cabaret, se volvió alcohólico y dejó de entrenar.

Creyó que ya era de los de arriba y los de arriba solo lo estaban usando.

En 1934 perdió el título. No lo volvió a ganar nunca.

Su existencia terminó en 1949, a los 34 años, en sus últimos años, para sobrevivir, vendía fotos suyas autografiadas a cinco centavos en la Alameda, murió de cirrosis. Solo.

Alejandro Galindo, el director más lúcido del cine mexicano, vio esa tragedia y la filmó en 1946: Campeón sin corona. Le cambió el nombre a Roberto “Kid” Terranova, interpretado por David Silva, pero no le cambió el alma.

La tesis de Galindo es brutal y sigue vigente: el mexicano no pierde por falta de talento, pierde porque cuando llega arriba se avergüenza de abajo. Deja a Lupita, la novia del barrio, por Susana, la mujer blanca de sociedad que lo ve como una mascota exótica. Y entonces lo noquean.

Cuauhtémoc Cárdenas es el Chango Casanova de la democracia mexicana.

Su noche de campeonato fue el 6 de julio de 1988. venía de arriba: hijo del General Lázaro Cárdenas, fue príncipe del sistema priista, pero con el corazón de la oposición. También noqueó al sistema. También hizo que todo el país se paralizara frente al televisor con la “caída del sistema”. Ese día fue campeón sin corona de México.

Y como el Chango, no supo qué hacer para ganar la corona.

El momento exigía ser “Kid Azteca”. Luis Villanueva, el boxeador de Tepito que sale en la película como él mismo, fue campeón 17 años porque nunca tomó, nunca dejó a su esposa, nunca se fue del barrio. Tuvo disciplina.

Aquí aparece López Obrador, con todos sus enormes defectos, entendió esa lección: para ganar hay que quedarse en la vecindad.

Cuauhtémoc Cárdenas hizo lo contrario. Tuvo miedo de ser lo que la gente le pedía: el líder de la ruptura. Prefirió ser aceptado por los de arriba. En lugar de tomar las calles en 1988, aceptó la negociación.

En lugar de crear un partido de militantes, creó un frente de corrientes de notables a su imagen y semejanza.

En lugar de quedarse a gobernar la Ciudad que ganó en 1997 e inventar el modelo a seguir para los mexicanos, la dejó a los dos años para irse a perder nuevamente la presidencia en el 2000.

Quiso ser opositor sin dejar de ser institucional.

Quiso ser radical con modales de embajador en Europa.

Por eso se quedó a medias. Como Terranova en el ring final: ya no tenía la fuerza del barrio porque lo había abandonado, y no tenía la técnica de los tecnócratas porque nunca quiso aprenderla. Estaba en el limbo.

Ninguno de los dos se robó un peso. Esa es su virtud trágica. Casanova murió pobre. Cárdenas siempre fue rico, no obstante, vivió con austeridad y sin un solo escándalo de corrupción probado.

En un país de funcionarios y servidores públicos rateros, eso es mucho.

Pero la historia no premia la honestidad, premia la corona.

Hoy, con su muerte, Cuauhtémoc Cárdenas camina como al final de la película de Galindo: golpeado, digno, regresando a la vecindad donde todos lo abrazan y lo respetan, pero donde ya nadie cree que pueda volver a pelear por el título mundial.

Él es la conciencia moral. El padre de la democracia que nunca pudo ser presidente.

México ama a sus campeones sin corona porque México mismo es un campeón sin corona. Un país que tuvo todo para ser potencia y que cada vez que llega a la pelea grande, se compra el traje caro, se olvida de la vecindad y lo noquean.

Ahí estamos, desde 1933, desde 1988, esperando al que sí se atreva a coronarse.

 

 

*BC

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