La inteligencia artificial (IA) llegó para quedarse, pero hasta ¿dónde llegarán sus aportaciones y los riesgos de su aplicación?
Mark Zuckerberg publicó el 10 de agosto pasado The Future is for Everyone, un ensayo de unas 6 mil 500 palabras sobre el porvenir de la inteligencia artificial.
Adelantó la tesis del texto dos semanas antes en The Wall Street Journal: la súper inteligencia llegará, será más capaz que nosotros y el tema decisivo será quién tenga acceso a ella.
Meta publicó el texto de Zuckerberg con algunos movimientos corporativos que no parecen casualidad: anuncios sobre nuevos modelos y un fondo de mil millones de dólares para las comunidades donde construye centros de datos.
Zuckerberg, inteligentemente, está explicando qué quiere construir, mientras da ejemplos de las reglas bajo las cuales esa construcción debería ser juzgada.
Las primeras reacciones muestran ya críticas hacia el ensayo. Anthony Aguirre, del Future of Life Institute, señaló que distribuir sistemas cada vez más poderosos resuelva el riesgo de perder el control sobre ellos, una de las propuestas.
Fight for the Future, una organización favorable a las tecnologías abiertas, planteó otro problema: que distribuir una tecnología diseñada alrededor de Meta no necesariamente equivale a distribuir poder, otra propuesta que se puede inferir, aunque no está explícitamente dicha así en el texto señalado.
Conviene entender entonces primero la propuesta, para no asumir que todo mundo la ha leído o que le interesa leerla íntegramente; aquí un resumen de los postulados más importantes, para tener una base común sobre la que podemos hacer un análisis:
La súper inteligencia llegará y debe ser para todos. No debería quedar reservada a gobiernos, empresas o laboratorios.
Agentes personales. Conocerían objetivos, salud, trabajo, finanzas y preferencias para actuar continuamente en favor de sus usuarios.
Inventar antes que automatizar. La mayor aportación de la IA sería ampliar lo que cada persona puede crear, no reemplazar lo que cada quien ya hace.
Empresas más pequeñas, quizá más empleo. Equipos minúsculos, amplificados por IA, podrían operar a escalas antes reservadas a corporaciones.
Seguridad mediante equilibrio de poder. Muchas súper inteligencias, distribuidas entre individuos e instituciones, podrían limitarse entre sí para que ninguna domine.
Riesgo sin clausura. Reconoce amenazas en ciberseguridad, biología y vigilancia, pero prefiere reforzar defensas antes que restringir las capacidades de los modelos de forma general.
Infraestructura y liderazgo estadounidense. Estados Unidos necesita energía, chips, centros de datos y velocidad regulatoria para no perder la carrera.
Control frente a la auto-mejora. El documento contempla un escenario futuro en el que sistemas de IA puedan participar autónomamente en la mejora de sus propias capacidades y obtener, por esa vía, una ventaja extraordinaria sobre otros sistemas.
La primera conclusión es que la palabra que organiza el ensayo no es, en realidad, superintelligence, aunque ése sea su asunto explícito.
Es “poder”.
Zuckerberg no lo menciona, pero parece abrevar de pensadores que, desde la política y la economía, intentaron regular aspectos que son anteriores a Silicon Valley.
James Madison, el “padre de la Constitución de Estados Unidos”, por ejemplo, desconfiaba de cualquier sistema que dependiera de la virtud del gobernante. En Federalist No. 51 dejó una fórmula que parece vigente: “Ambition must be made to counteract ambition”. El poder necesita otro poder enfrente.
Zuckerberg intenta trasladar esa lógica a las máquinas.
Hay también algo del economista y filósofo Friedrich Hayek: ninguna autoridad posee todo el conocimiento disperso en una sociedad ni puede decidir por todos qué constituye una buena vida.
El ensayo de Zuckerberg insiste persistentemente en que es mejor tener muchas inteligencias obedeciendo a los intereses de muchos individuos que una sola inteligencia obedeciendo los intereses y creencias de una élite.
De ese tamaño es el reto.
De las anécdotas que se cuentan
En 2017, Vladimir Putin expresó que quien se convierta en líder en inteligencia artificial (IA) será el gobernante del mundo (Gigova, 2017, septiembre 2).
Ese mismo año, China anunció su plan para convertirse en la superpotencia de IA para 2030 (Carter & Crumpler, 2019).
Esto ocurrió un año después de que Estados Unidos publicara su estrategia para promover y proteger la IA (National Science and Technology Council, 2016).
Rusia, Dinamarca, Israel y Brasil, entre otros, definieron sus estrategias para mejorar sus ecosistemas de IA (Belli et al., 2023; J0rgensen, 2023; Paltieli, 2022; Petrella et al., 2021).
En 2024, la Unión Europea publicó la primera política supranacional de IA (Laux et al., 2024).
Así, los Estados han evidenciado que las redes de IA están intrínsecamente asociadas al poder internacional.
2.- Serán los profesores de escuelas básicas los que discutan sobre el uso de teléfonos celulares dentro de las escuelas y de las aulas, debido al impacto que tienen en el aprovechamiento de los alumnos en clase, y en su salud emocional y física, informó la presidenta Claudia Sheinbaum.
La discusión será en los consejos técnicos de las escuelas públicas de los días 24 y 25 de agosto.
Sheinbaum insistió en que la regulación del uso de los teléfonos celulares en los planteles de educación pública no será una decisión unilateral del gobierno sino una discusión nacional.
Destacó que se busca que la regulación sobre el uso de teléfonos dentro de las escuelas se lleve a todo el país. Y ahí está presente la IA.
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