El tema Venezuela es un primer gran paso para establecer un nuevo orden mundial, para empezar la versión Donald Trump de la Doctrina Monroe, de América para los americanos (de Estados Unidos)
La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos presentada el fin de 2025 supone un punto de inflexión en la doctrina estratégica de Estados Unidos. El documento representa una ruptura explícita con el enfoque globalista, intervencionista teóricamente respetuoso con el orden internacional basado en reglas que aceptaba el mundo desde comienzos de los años noventa.
La nueva estrategia redefine tanto los intereses vitales estadounidenses como los medios para garantizar su seguridad, introduciendo un marco conceptual que combina realismo geopolítico, soberanía nacional, competitividad económica y prioridades regionales selectivas.
Se sostiene que las anteriores estrategias fracasaron porque eran meras ¨listas de deseos¨, wish lists, sin prioridades claras y basadas en planteamientos erróneos de partida. El objetivo esencial de esta nueva Estrategia es corregir estos errores para inaugurar una nueva “Edad de Oro¨ para la Unión Americana.
El investigador Francisco Márquez de la Rubia, analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (CESEDEN) señala que la publicación de la National Security Strategy (ESN) de 2025 por la Administración estadounidense supone un punto de inflexión en la doctrina estratégica de Estados Unidos.
“La NSS-2025 parte de una autocrítica severa: las estrategias estadounidenses posteriores a la Guerra Fría habrían expandido artificialmente el concepto de “interés nacional”, diluyendo prioridades y conduciendo a intervenciones militares costosas y poco útiles.
“En oposición, la nueva doctrina establece un principio rector: solo los intereses vitales deben guiar la acción exterior, y estos intereses se definen en relación a: protección de la soberanía y fronteras; defensa de la población y la integridad territorial; seguridad económica, energética e industrial; preservación del modo de vida y la identidad cultural estadounidense”.
La estrategia enuncia además la necesidad de reconstruir la base industrial, energética y tecnológica para sostener la superioridad militar y económica, por ello lo de Venezuela no es una casualidad en este momento. América es la prioridad estratégica absoluta.
El documento introduce explícitamente un llamado 'Trump Corollary' a la Doctrina Monroe, según el cual es esencial: contener la influencia de potencias rivales (China, Rusia, Irán); controlar los flujos migratorios irregulares; y proteger infraestructuras críticas y recursos estratégicos.
“Se trata de un retorno claro a una hegemonía defensiva hemisférica por la que los Estados Unidos no aceptará la influencia de otra hegemonía que él mismo en su patio trasero, empezando por México.
Y excluye explícitamente la posible presencia china, rusa o iraní.
Predominan variables geoeconómicas y de seguridad marítima: cadenas de suministro, minerales estratégicos, libertad de navegación y disuasión frente a China, especialmente en el estrecho de Taiwán. Es esencial mantener la posibilidad de suministros al Pacífico a partir de la 'primera cadena de islas'.
En Europa, la estrategia formula el objetivo europeo de manera muy distinta a la clásica retórica “transatlántica”. Estados Unidos dice querer apoyar a sus aliados en preservar la libertad y la seguridad de Europa, al tiempo que restaura la confianza de la civilización europea y la identidad occidental. Pero ello lo hace desde el siguiente diagnóstico: Europa continental ha pasado de un 25 % del PIB mundial en 1990 al 14 % hoy. Y esto se atribuye a regulaciones nacionales y supranacionales que “sofocan” creatividad y esfuerzo económico.
“La ESN lo describe como “perspectiva de borrado civilización”: crítica frontal a la UE y a otros organismos transnacionales por erosionar libertad política y soberanía. Se vincula la decadencia con las políticas migratorias que “transforman el continente” y generan conflicto, la bajísima natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de autoestima colectiva y atacan con viveza lo que denominan ¨censura de la libertad de expresión y represión de la oposición.
En cuanto a Rusia y la guerra con Ucrania, reconocen que muchos europeos ven a Rusia como amenaza existencial, pero subrayan que Europa tiene superioridad material clara sobre Moscú, salvo en lo nuclear. Ante esto declaran como interés central de Estados Unidos. negociar un cese rápido de hostilidades en Ucrania para estabilizar economías europeas, evitar escaladas no deseadas, restablecer estabilidad estratégica con Rusia y permitir la reconstrucción de Ucrania como Estado viable. En definitiva, Estados Unidos debe resolver con rapidez esta situación para centrar sus esfuerzos en el Indopacífico.
En conclusión, Europa por tanto es socio necesario, pero está en una peligrosa crisis interna que pone en riesgo su propia existencia. A pesar del diagnóstico sombrío, se insiste en que Europa sigue siendo estratégica y culturalmente vital: comercio transatlántico, industria, tecnología y cultura.
El capítulo sobre Europa no plantea la victoria de Ucrania como prioridad absoluta, sino que aspira a un cese expedito de hostilidades, con tres objetivos: estabilizar la economía europea, reducir el riesgo de escalada y reestablecer estabilidad estratégica con Rusia. Después de esto se abordaría la reconstrucción de Ucrania como Estado viable, pero sin atar esto explícitamente a su ingreso en OTAN/UE.
Estados Unidos no puede depender de cadenas de suministro globales vulnerables, y por ello prioriza el desarrollo doméstico de semiconductores, energía, IA aplicada a defensa, municiones y capacidades navales.
La tecnología adquiere un estatus estratégico central: no es solamente un multiplicador militar, sino un pilar de soberanía. Junto a esto, la estrategia adopta una diplomacia coercitiva y transaccional, en la que el apoyo estadounidense —militar, económico, político— se condiciona de forma explícita a las aportaciones concretas de socios y aliados.
Desaparece la diplomacia basada en valores; emerge una diplomacia basada en la reciprocidad, la presión y el costo-beneficio. América Latina y Europa reciben este mensaje con especial claridad: quien quiera el apoyo de Washington debe alinearse con sus prioridades estratégicas, contribuir a su propia defensa y abrir espacios económicos que beneficien a la industria estadounidense.
“Estados Unidos deja de actuar como garante global del orden liberal y pasa a operar como una potencia realista enfocada en preservar su hegemonía interna y hemisférica frente a un sistema internacional crecientemente multipolar”.
Por eso lo de Venezuela no es una casualidad, como tampoco lo son las advertencias de Donald Trump a Colombia y Cuba y ese “qué hacer con México”.
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*ARD
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