La revelación de un salón de belleza dentro del Senado de la República desató una ola de críticas en redes sociales y medios de comunicación, luego de que se difundieran imágenes del espacio donde legisladoras y legisladores acudían para arreglarse antes de las sesiones. Aunque autoridades negaron que se financiara con recursos públicos, el lugar fue clausurado horas después de hacerse público.
El espacio, ubicado en el segundo piso del complejo legislativo de Reforma e Insurgentes, había operado de forma discreta desde hace aproximadamente un año, ofreciendo servicios de peinado, maquillaje y tintes para el cabello, principalmente los días de sesión del Pleno.
Así funcionaba el salón de belleza del Senado
La existencia del salón fue exhibida en un video difundido en redes sociales y retomado por distintos medios. En él aparece la senadora Juanita Guerra, del Partido Verde, sentada en una silla de estética mientras una estilista le aplica tinte en el cabello.
La legisladora confirmó que el servicio llevaba tiempo operando y que era utilizado por personal de la Cámara. “Aquí viene personal del Senado, pero tiene un costo. Yo no sé si está enterada la Junta de Coordinación Política”, comentó en el video difundido.
El espacio estaba acondicionado como una estética convencional. Contaba con dos sillas frente a espejos, un lavabo para lavado de cabello, aparatos de estilizado, productos cosméticos y un área de espera con dos sillas adicionales. Para entretenimiento de quienes aguardaban su turno, también había una pantalla de televisión.
De acuerdo con información publicada, el salón operaba de 7:00 a 14:00 horas, principalmente durante los días de sesión ordinaria, y no tenía anuncios visibles. Únicamente una placa blanca sin referencias identificaba el lugar, aunque entre trabajadores del Senado era considerado un “secreto a voces”.
Laura Itzel Castillo niega privilegios y defiende el servicio
Tras la publicación de los videos, la presidenta de la Mesa Directiva del Senado, Laura Itzel Castillo, aseguró que el espacio no representaba un privilegio ni implicaba uso indebido de recursos públicos.
“Es un espacio adaptado para apoyo a senadoras y senadores. No es nada fuera de lo normal. Existe en otros recintos legislativos”, afirmó ante medios de comunicación.

La legisladora subrayó que los servicios no eran gratuitos y que cada persona pagaba directamente a la estilista, identificada como Jazmín, quien ofrecía servicios de maquillaje y peinado.
“No se les está pagando el peinado, ni el maquillaje, ni la pintura, ni nada de estas cosas. Es un trabajo digno y todos debemos estar bien presentados para las sesiones”, sostuvo.
Castillo explicó que muchas legisladoras viajan desde distintos estados del país y que contar con un espacio para arreglarse antes de las sesiones facilita su agenda legislativa, sin implicar gasto público ni partidas presupuestales específicas.
Clausura inmediata tras difusión pública
Pese a estas explicaciones, minutos después de las declaraciones de Castillo, personal de resguardo colocó sellos de clausura en la puerta del salón, sin ofrecer una versión oficial sobre las razones de su cierre inmediato.
La decisión ocurrió apenas horas después de que el tema se viralizara en redes sociales, donde usuarios cuestionaron la congruencia de mantener un salón de belleza dentro del Senado en un contexto de discursos de austeridad republicana.
Cabe recordar que este mismo espacio había sido cerrado en 2018, con la llegada de la llamada Cuarta Transformación, cuando legisladores consideraron que contar con una estética interna era superfluo, innecesario y contrario a los principios de sobriedad en el gasto público.


Andrea Chávez niega estar detrás del salón
En medio de la polémica, surgieron versiones que señalaban a la senadora morenista Andrea Chávez como presunta responsable de haber habilitado nuevamente el espacio. La legisladora rechazó categóricamente esas versiones a través de su cuenta de X.
“Ni habilité ningún salón, ni soy la de la foto, ni me peino en el Senado, ni me peina nadie. Tengo una Dyson y lo hago en mi casa. No tengo nada que ver con la película montada”, escribió.
Además, solicitó públicamente la rectificación de las publicaciones que la vinculaban con la reapertura del lugar, asegurando que no tuvo relación alguna con su operación.
Por su parte, Laura Itzel Castillo reiteró que la habilitación del espacio fue una solicitud colectiva de senadoras, y no de una sola legisladora o grupo político en particular.
Uso principalmente por legisladoras de la mayoría
De acuerdo con fuentes parlamentarias, el salón era utilizado principalmente por legisladoras de Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo, mientras que senadoras de oposición afirmaron no estar enteradas de que existiera un espacio dentro del Senado para servicios de estética.
La discreción con la que operaba el lugar, sin letreros ni tarifas públicas visibles, contribuyó a que su funcionamiento pasara desapercibido durante meses, hasta que las imágenes difundidas lo colocaron en el centro del debate público.

Antecedentes en el Congreso: una práctica recurrente
El Senado no ha sido el único recinto legislativo con servicios de peluquería o estética. En la Cámara de Diputados, también existieron espacios similares durante administraciones pasadas.
En diciembre de 2016, el entonces diputado de Morena Ariel Juárez Rodríguez solicitó mediante oficio que su estilista personal pudiera atenderlo dentro del recinto legislativo, luego de inconformarse con el servicio de una de las peluquerías instaladas en San Lázaro.
Años antes, en 2007, la diputada panista María Elena Álvarez Bernal reconoció que los salones de belleza dentro del Congreso generaron críticas por el uso de recursos públicos, aunque consideró que podían responder a necesidades prácticas de legisladores.
En un documento fechado el 14 de junio de 2007, se estableció que, aunque el servicio podía ser útil, no existía justificación para que la Cámara erogara recursos, por lo que debía ser subrogado y pagado directamente por quienes lo utilizaran.
Debate reabre discusión sobre austeridad legislativa
La clausura del salón de belleza en el Senado volvió a abrir el debate sobre los límites entre las condiciones laborales dignas y el uso simbólico de espacios públicos en el contexto de la política de austeridad.
Mientras algunas legisladoras defendieron el derecho a contar con servicios básicos de presentación personal antes de comparecencias públicas, otros actores políticos y ciudadanos cuestionaron la imagen que proyecta el Poder Legislativo al destinar espacios internos para este tipo de actividades.
Por ahora, el salón permanece cerrado y sin una postura oficial que confirme si será reabierto bajo nuevas reglas o si su operación quedará cancelada de manera definitiva.
Con información de El Financiero y El Universal
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