A pesar de las advertencias públicas del presidente Donald Trump de cortar “todo el petróleo y dinero” hacia Cuba, la administración estadounidense confirmó que permitirá que México continúe suministrando crudo a la isla caribeña. La decisión fue anunciada por el secretario de Energía de EU, Chris Wright.
Wright señaló que la política oficial de Washington es no obstruir los envíos de petróleo mexicano a La Habana, lo que contrasta con las expresiones más duras del presidente republicano en redes sociales.

Tensiones entre mensaje político y política práctica
Trump escribió recientemente que “no habrá más petróleo ni dinero para Cuba, cero”, generando inquietud internacional sobre posibles sanciones más estrictas o interrupciones en el flujo de combustibles hacia la isla.
Sin embargo, funcionarios estadounidenses indicaron que la administración no busca causar un colapso energético inminente en Cuba, sino ejercer presión política para que La Habana abandone su sistema comunista, aunque no se han detallado mecanismos concretos para lograr ese objetivo.

Cuba enfrenta crisis energética tras la caída de Venezuela
Cuba depende en gran medida del petróleo importado para mantener su infraestructura energética, incluidos generadores y transporte. Históricamente, Venezuela fue su principal proveedor, pero recientemente el envío de crudo venezolano se ha reducido drásticamente, agravando la crisis en la isla.
En este contexto, México ha emergido como un proveedor clave de combustible para Cuba, especialmente tras la interrupción de los envíos desde Caracas. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha defendido que los envíos se realizan dentro de los marcos legales e históricos de cooperación bilateral y han sido etiquetados como “ayuda humanitaria”, sin aumentos significativos respecto a niveles previos.

Contexto político y diplomático regional
La decisión de permitir los suministros mexicanos se produce en un momento de tensiones geopolíticas en el hemisferio occidental. La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses impactó la tradicional alianza energética entre Caracas y La Habana, acentuando la presión sobre Cuba para buscar nuevas fuentes de crudo.
Sheinbaum ha señalado que México está dispuesto a fungir como “vehículo de comunicación” entre Estados Unidos y Cuba si ambas naciones lo acuerdan, aunque este tema no fue discutido en su reciente conversación telefónica con Trump.
Por su parte, La Habana ha negado la existencia de negociaciones bilaterales formales con Washington, salvo contactos técnicos relacionados con migración, y ha insistido en que cualquier diálogo debe basarse en el respeto al derecho internacional y la no interferencia.

Impacto regional y perspectivas futuras
Analistas advierten que la postura actual de Estados Unidos refleja un equilibrio entre la retórica política interna y la necesidad de estabilidad energética en la región. El papel de México como proveedor de petróleo a Cuba podría intensificar la diplomacia trilateral entre Washington, Ciudad de México y La Habana, especialmente en el marco de la revisión del tratado comercial T‑MEC y otras relaciones bilaterales.

Con información de Proyecto Puente
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