Atlixco, Pue- Desde el Baile de las Calabazas de Atlixco hasta la Danza del Pescado Blanco de Janitzio, el Huey Atlixcáyotl 2026 reúne este domingo 15 expresiones culturales que muestran la diversidad de pueblos, lenguas, rituales y tradiciones presentes en la fiesta grande de Atlixco.
El encuentro tiene como escenario principal la Plazuela de la Danza, en el cerro de San Miguel, donde se congregan representaciones procedentes de distintas regiones de Puebla, además de Michoacán como estado invitado.
Más allá del colorido de los trajes, la música y los movimientos, varias de estas expresiones conservan elementos vinculados con la tierra, la lluvia, la fertilidad, los ciclos agrícolas, la memoria de los antepasados y la organización comunitaria.
Atlixco abre espacio a las tradiciones de Puebla
Como municipio anfitrión, Atlixco participa con el Baile de las Calabazas, interpretado por el Grupo de Bailadores del Valle de Atlixco. Esta expresión tiene su origen en los bailes de salón de finales del siglo XIX y principios del XX, que posteriormente fueron incorporados a las celebraciones populares.
Desde la región popoloca llega San Marcos Tlacoyalco, perteneciente a Tlacotepec de Benito Juárez, con la Danza de las Tocotinas, tradición ngigua en la que música, indumentaria y elementos ceremoniales mantienen una estrecha relación con la Madre Tierra, la petición de lluvia, la fertilidad y la memoria de los antepasados.
La región de los volcanes está representada por La Magdalena Yancuitlalpan, Tochimilco, con la Danza de las Yancuitlalpeñas, una expresión nahua interpretada exclusivamente por mujeres que recupera aspectos de la vida comunitaria, el trabajo en la milpa, la ofrenda y el recibimiento.
También participan los Ticuanes de Huehuetlán el Chico; el Carnaval de San Agustín Tlaxco, Acajete; los Toreadores de Jopala; la Danza de Cristianas Españolas contra Mahometanas Africanas, de Chigmecatitlán; y los Quetzales de Caxhuacan.
Danzas preservan memoria, rituales y vida comunitaria
Desde la Sierra Negra, Zoquitlán presenta la Danza de los Negritos Tlitlil-tike, que mediante el teatro, la música y la tradición oral recrea la memoria de los antiguos caminos de herradura y de los arrieros.
Por su parte, San Sebastián Zinacatepec participa con el Jarabe Colexero, tradición nahua asociada con el matrimonio, la salud y la fertilidad, mientras que Quecholac lleva al encuentro la Danza de Gracejos, de carácter agrícola y ritual.
La Huasteca poblana también forma parte de la celebración a través de Mecapalapa, Pantepec, con su Carnaval Huasteco. En esta tradición, huehues, damas, diablos y comanches recorren las calles acompañados por los sonidos del violín, la guitarra quinta y la jarana.
Cada representación lleva a la Plazuela de la Danza una historia diferente. Algunas están relacionadas con actividades agrícolas; otras conservan ceremonias, personajes y formas de organización que siguen formando parte de la identidad de sus comunidades.
Danza de Tecuanes volvió después de más de 35 años
Una de las historias particulares de esta edición llega desde Santo Domingo Tonahuixtla, San Jerónimo Xayacatlán, con la Danza de Tecuanes Ñuu Iñu.
La tradición permaneció ausente durante más de 35 años, hasta que en 2015 familiares y amigos emprendieron su recuperación. En 2026, la comunidad conmemora una década de este proceso, que permitió acercar nuevamente la expresión cultural a las nuevas generaciones.
A esta participación se suma Hueyapan, municipio del que proviene la Xochicíhuatl 2026, con la Danza de los Voladores “Los Guerreros del Sol y la Luna”.
Durante el ritual, los voladores realizan 13 vueltas cada uno y 52 en conjunto, en evocación del ciclo de 52 años y la renovación del tiempo.
Janitzio lleva tradición purépecha al Huey Atlixcáyotl
Como representación invitada, Janitzio, Michoacán, participa con la Danza del Pescado Blanco, expresión vinculada con la tradición purépecha y la vida de los pescadores del lago de Pátzcuaro.
La representación recrea distintas etapas de esta actividad, desde la salida al lago y el trabajo con el chinchorro hasta la captura del pescado, llevando al escenario una práctica estrechamente relacionada con la identidad de esta comunidad michoacana.
Así, el Huey Atlixcáyotl 2026 vuelve a convertir al cerro de San Miguel en un punto de encuentro entre culturas que no solo llegan para bailar. Con cada representación también se comparten historias comunitarias, lenguas, música, cosmovisiones y prácticas transmitidas entre generaciones.
En esta edición, cada danza cuenta una parte distinta del territorio y muestra cómo las comunidades mantienen vivas expresiones culturales que encuentran en la Plazuela de la Danza un espacio para preservar y compartir su memoria.
*ARD









