Atlixco, Pue. En el silencio paciente de los jardines en miniatura que cultivó durante toda una vida, Atlixco despidió a Emigdio Trujillo Sánchez, pionero del bonsái en la región y uno de los grandes impulsores de este arte en México, quien falleció a los 86 años.
La noticia fue confirmada a través de las redes oficiales del Museo del Bonsái de Atlixco, espacio que él mismo concibió y consolidó como un referente nacional para la cultura del bonsái. “Hoy el mundo del bonsái pierde a uno de sus grandes pilares. Su legado florecerá eternamente en cada rincón del museo”, se lee en el mensaje de despedida.
Nacido en 1934, Trujillo Sánchez se formó como ingeniero agrónomo, disciplina que marcó su vida profesional y le dio las herramientas para convertir la floricultura en una vocación permanente. Su relación con el bonsái no fue casual ni tardía: se trató de una pasión construida con rigor técnico, paciencia extrema y una sensibilidad poco común para entender los ritmos de la naturaleza en escala mínima.
Museo del Bonsái de Atlixco: historia y preservación
Su historia pública comenzó a tomar forma en 1974, cuando fundó en Atlixco el restaurante Bugambilias, un sitio que pronto se convirtió en punto de encuentro social y gastronómico. Pero, en paralelo, aquel espacio fue también el primer escaparate de su otra gran obra: una colección de bonsáis que creció discretamente entre comensales, reuniones familiares y celebraciones cotidianas.
Durante décadas, quienes acudían a Bugambilias no solo encontraban comida, sino una experiencia cultural inesperada: el acceso libre a una exhibición viva de árboles en miniatura que transformó la percepción del bonsái para generaciones de visitantes. Aquella convivencia entre gastronomía y arte vegetal fue, para muchos, la primera puerta de entrada a este universo.
En 2010, una parte del predio original fue transformada en una gasolinería; el resto se consolidó de manera formal como el Museo del Bonsái de Atlixco, nombrado en honor del maestro John Naka, una de las figuras más influyentes del bonsái a nivel mundial. Hoy, ese recinto resguarda más de 400 ejemplares de especies que Trujillo Sánchez formó, modeló y cuidó durante décadas.
Legado y repercusión del bonsái en Atlixco
La colección es, en sí misma, un recorrido botánico y simbólico: granadas, guayabos, pirulos, jacarandás, ahuehuetes y alcornoques, algunos con más de un siglo de vida, otros jóvenes con apenas 25 años. Cada árbol es testimonio de una disciplina silenciosa, de una técnica perfeccionada durante años y de una relación casi íntima con el tiempo.
Considerado el primer productor de bonsái en Atlixco, su influencia trascendió el ámbito personal. Su trabajo impulsó el crecimiento de esta práctica en el municipio y en buena parte de la región, formando discípulos, despertando vocaciones y colocando a Atlixco en el mapa nacional del bonsái.
Más allá de los reconocimientos formales, su legado permanece en lo cotidiano: en cada rama modelada con paciencia, en cada raíz contenida con precisión, en cada visitante que descubre, por primera vez, que un árbol puede contar una historia completa en unos cuantos centímetros.
El Museo del Bonsái de Atlixco se ubica sobre el bulevar Niños Héroes, casi esquina con el corredor gastronómico del tramo Puebla–Huajuapan de León, conocido como Libramiento a Izúcar de Matamoros. El horario de visita es de 9:00 a 16:30 horas. Hoy, ese espacio no solo resguarda árboles: conserva la memoria viva de un hombre que hizo del bonsái una forma de vida.
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