En un clima de creciente hostilidad internacional, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, lanzó una severa advertencia este domingo al declarar que tanto las fuerzas estadounidenses como el Estado de Israel se convertirán en "objetivos legítimos" si la administración de Donald Trump decide atacar a la República Islámica.
Esta amenaza surge como respuesta directa a las recientes declaraciones del mandatario estadounidense, quien ha sugerido una posible intervención militar para proteger a los manifestantes que han tomado las calles de Teherán y otras ciudades principales. La situación interna en Irán es crítica.
Tras varios días de protestas masivas, activistas y organizaciones de derechos humanos reportan que la represión estatal ha dejado un saldo de más de 200 muertos y cerca de 2,600 detenidos.
Sin embargo, la magnitud real de la crisis es difícil de verificar debido a un apagón informativo impuesto por el gobierno, que incluye el corte de servicios de internet y líneas telefónicas, lo que ha generado temores sobre una posible intensificación de la violencia por parte de los servicios de seguridad y la Guardia Revolucionaria.
Desde Washington, la postura de la Casa Blanca ha sido de apoyo explícito a las manifestaciones. El presidente Trump expresó en redes sociales que "Estados Unidos está listo para ayudar" en la búsqueda de libertad del pueblo iraní.
Según reportes de medios como The New York Times, el Pentágono ya habría presentado diversas opciones militares al presidente, aunque aún no se ha tomado una decisión definitiva.
Al respecto, el Departamento de Estado advirtió a los líderes iraníes sobre la seriedad de las promesas de Trump, instándolos a no subestimar su determinación.
Durante una sesión parlamentaria transmitida en vivo, Qalibaf, representante del sector más conservador de Irán, elogió la actuación de la policía y de los voluntarios Basij por su firmeza durante los disturbios. Mientras el régimen cierra filas para contener el descontento social, la comunidad internacional observa con preocupación un posible choque directo entre Washington y Teherán que podría desestabilizar por completo la región.














