Los dos efectos de las elecciones

Los dos efectos de las elecciones


Por Fernando A. Crisanto el 09/06/2021 - 05:50

Más allá de los resultados que interesan en lo local, al estudiar lo ocurrido en las elecciones del 6 de junio, aparecen dos efectos que tendrán consecuencias en todo el país y que presentarán su clímax en las elecciones presidenciales de 2024.

En todo ello, hay un indicador que ha llamado la atención de propios y extraños: el porcentaje de participación de los electores.

Más del cincuenta y cinco por ciento de los ciudadanos inscritos en el Padrón acudieron a las urnas y les importó poco o nada si se escucharon balazos, tardanzas para abrir las casillas y literalmente, una cabeza humana junto a una urna electoral.

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También hay que considerar que los cárteles y las pandillas de alto impacto operaron, la mayoría para candidatos que fueron postulados por Morena en distintas partes del país y, aun así, la mitad del Padrón ejerció su derecho, algo atípico en elecciones intermedias.

Para darse una idea de las cosas, en las últimas intermedias se han presentado a las urnas, electores que en su conjunto suman porcentajes inferiores al 50 por ciento del Padrón: en 2003 votó el 41.48%; en 2009, 44.68%; en 2015, 48.5%.

Con todo, hay que considerar que, en la lucha por el poder, hasta los payasos han tenido oportunidad de ganar: Alfredo Adame, candidato a la diputación federal por el distrito 14 en Tlalpan, recibió un voto en la casilla adonde él mismo votó: la 3949C3.

Sin embargo, la ganadora fue Rocío Banquells, por la coalición PRI-PAN-PRD.

El lector puede darse una idea de la robustez técnica del trabajo legislativo de tal parlamentaria.

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La mayoría se desapareció. Se entiende por Mayoría Calificada “la que corresponde a las dos terceras partes, cuando menos, de los legisladores que se encuentran presentes en el salón de plenos de alguna de las Cámaras del Congreso al momento de tomar una decisión o realizar una votación”, según señalan documentos de la Secretaría de Gobernación.

Los textos apuntan que “Considerando que la Cámara de Diputados está integrada por 500 legisladores, se requieren 334 votos para alcanzar una mayoría calificada (o un número menor, según el total de asistentes a la sesión); en la Cámara de Senadores se requerirían 85 de 128 legisladores para lograr dicha mayoría, variando el número en función de los senadores presentes en la sesión de Pleno”.

Pues, de acuerdo a los resultados que aún siguen siendo preliminares, Morena y sus asociados no van a poder lograr por sí solos el “alcance del consenso entre las fuerzas políticas integrantes, que vayan más allá de la simple mitad más uno de los votantes, sobre todo cuando se trate de determinadas reformas legales o asuntos trascendentes”.

Las consecuencias de perder la Mayoría Calificada son numerosas, pero podría resumirse en una afirmación categórica, Andrés Manuel López Obrador no va a poder tronarle los dedos a sus colaboradores en San Lázaro para que hagan y deshagan a su antojo y no le cambien ni una coma a sus propuestas de reformas.

Según los datos del PREP con más del 90 por ciento de conteo realizado, “Morena-PT-PVEM” tienen 25.5 por ciento y “PRI-PAN-PRD”, un porcentaje similar. Feliz, Movimiento Ciudadano tiene un 7 por ciento que lo convierte en bisagra, para bien y para mal.

A Morena no se le va a facilitar el intentar reformas ocurrentes y aprobarlas sin complicaciones. En realidad, tiene tres opciones, que son negociar con la oposición; comprarle su apoyo a Dante Delgado o, comprar voluntades individuales a legisladores del PAN, PRI o PRD. El tiempo lo dirá.

El país se partió en dos.

Revisando los datos de distintas partes del país, dos indicadores comienzan a robustecerse: el primero es que las clases medias están regresando a los partidos políticos en los que usualmente depositaban su sufragio, que son PAN y PRI.

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El segundo indicador es que Morena está perdiendo aceleradamente el control de distintos territorios en los que arrasó cuando López Obrador ganó la Presidencia de la República.

El mayor ejemplo de lo anterior es la demarcación Cuauhtémoc en la Ciudad de México, territorio dominado eternamente por René Bejarano y sus asociados.

Pero también en lugares como Guerrero se ha podido comprobar que en política todo tiene un costo, incluso ser beneficiario de poderes criminales.

Las elecciones en Guerrero que ganará Evelyn Salgado, la esposa de Iván Alonso Bustamante (hijo de Joaquín Alonso, lavado de dinero de la organización Beltrán Leyva), dan una idea de lo que viene.

El PREP apunta una victoria de 46.29 por ciento para la hija de Félix Salgado Macedonio, mientras que su más cercano competidor, Mario Moreno Arcos, muestra 37.75 por ciento de los votos. Ganó Salgado Macedonio y López Obrador, pero de ahí a que la tengan garantizada en 2024 hay un horizonte de distancia.

Dicho de otra manera: la oposición creció notoriamente en todo el país en tres años y las cosas deben estar verdaderamente mal para que numerosos mexicanos que “echaron a patadas al PRI y al PAN de Los Pinos”, ahora pidan que regresen por sus fueros para gobernar.

El mensaje es evidente, en el sentido que, para una notoria parte de la población del país, no es opción tener a un autócrata en Palacio.

Peor aún, a un personaje que ni siquiera tiene conocimientos suficientes para gobernar un país complejo como México.

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*AR